Pues yo estoy agobiado, sí, lo siento. Desde hace unos años tengo algo que ahora sé que se llama amaxofobia. Sí, después de muchos años haciendo miles y miles de kilómetros con el coche ahora me agobia conducir por autopista. Me pongo tenso, pienso que no voy a controlar el coche y lo paso fatal. Es muy limitante pero la única forma de quitárselo es conduciendo y teniendo pequeños logros. Estoy mal hecho, ¡qué le vamos a hacer!
Por eso os digo: no estéis agobiados por vuestra vida, pensando qué vais a comer o beber, ni por vuestro cuerpo pensando con qué os vais a vestir. ¿No vale más la vida que el alimento, y el cuerpo que el vestido? Mirad los pájaros del cielo: no siembran ni siegan, ni almacenan y, sin embargo, vuestro Padre celestial los alimenta. ¿No valéis vosotros más que ellos?
¿Quién de vosotros, a fuerza de agobiarse, podrá añadir una hora al tiempo de su vida?
¿Cómo no vamos a agobiarnos por la vida? Parece que Jesús aquí es un poco inconsciente, hay que ser previsor, en cualquier caso.
Yo creo que lo que aquí nos quiere decir Jesús es que no te agobies por la vida que pasa y ocúpate de la Vida que perdura. Uno puede servir al dinero que da la vida que pasa o a Dios que da la Vida eterna. A cada día le basta su desgracia. En esta vida hay mil cosas que no podemos controlar desde el calorazo que va a hacer hoy en Madrid, a que mi vecino tire su basura en mi contenedor o la novia de la boda llegue 25 minutos tarde. Esas cosas no puedo controlarlas y por mucho que me agobie seguramente no cambien. Pero la Vida eterna es un regalo de Dios, por eso: Buscad sobre todo el reino de Dios y su justicia; y todo esto se os dará por añadidura.
La fe no nos hace vivir sin problemas, pero sí sin pre-ocupaciones. No pienses en el mañana que es algo de muy perfil bajo, piensa en la eternidad, como el lema de la visita del Papa: Alzad la mirada.
Dios está empeñado en salvarte, déjate.
Mira a María y a José, siempre donde tienen que estar, y cuando le preguntas cómo vivir así la contestación es clara: Haced lo que Él os diga. De la mano de María no te sales de tu autopista hacia el cielo.